Esto no es para mí.  No sirvo.  Me cansé.  Así bajamos los brazos algunas veces. Otras, hemos cumplido sueños y sin embargo, no alcanza.  Andamos por la vida en búsquedas sin saber de qué, conviviendo por años con la desazón, la frustración y la resignación.

El Coaching Ontológico viene para hacerse cargo de esa cuota de sufrimiento innecesario, y habilitando una racionalidad que valora y escucha las emociones y el cuerpo nos devuelve el poder de transformar-nos y transformar el mundo.  Una nueva concepción del respeto y el amor se nos revelan como la mayor apertura de puertas.   Estar y hacer juntos en la co-laboración se vuelve destino y aquello que añora aflorar en cada ser humano encuentra terreno propicio.

Coaching no es facilitar el crecimiento por el sólo crecer, no es estar al servicio de lograr “más” de lo que nos ha mantenido atrapados por siglos.

 

Coaching es volver a casa, en comunidad, livianos, revitalizados.  Es un estar en contacto con el palpitar de la vida, abrazando en plenitud nuestras crisis y dando lugar a nuestra singularidad, “es reencontrarnos con lo sagrado de la naturaleza y llenarnos de gratitud por el infinito misterio y belleza del que somos parte”.

Sin duda alguna, ser Coach Ontológico es un privilegio.  Pocas opciones de vida son capaces de proporcionarnos el profundo sentido de vida que esta profesión nos ofrece.   Sin embargo nos importa alertar, ser coach es también una gran responsabilidad, un reto reservado sólo a quienes están dispuestos a adentrarse y explorar en las tinieblas de su propia alma, a indagarse en sus propios desgarros y a abrir a otros, con amorosa franqueza, sus propias limitaciones e incompetencias.